La discusión sobre el futuro del Paseo Wheelwright no puede limitarse a su estado físico o a la calidad de su diseño urbano. Su deterioro actual refleja un problema de gestión del espacio público y la ausencia de una visión integral del borde costero como infraestructura urbana activa y cotidiana. Más que un problema de diseño, el Wheelwright evidencia la dificultad histórica de Valparaíso para integrar su borde portuario a la vida de la ciudad, especialmente en sectores donde las funciones productivas han ido cambiando sin que emerja un nuevo uso urbano claro.
Havneparken (Copenhague) ilustra la transformación de un puerto en parque urbano. Desde 1984, el proyecto integró infraestructuras industriales obsoletas —similares a las de Valparaíso— como elementos del espacio público. Esta rehabilitación gradual, con equipamientos simples y de gestión activa, eliminó la barrera con el mar, fomentando la apropiación ciudadana mediante usos recreativos cotidianos.
Mirar el Paseo Wheelwright de manera aislada es parte del problema. Valparaíso requiere una macrovisión para el desarrollo de su borde costero, entendiendo que este funciona como un sistema continuo y no como una suma de proyectos independientes. Wheelwright se vincula con otros fragmentos igualmente relevantes, como el proyecto Parque Barón y los espacios del borde sur de la comuna que se extienden hasta Playa Torpederas, a lo largo del eje de Avenida Altamirano, donde existen plazas y áreas públicas frente al mar que, pese a contar con infraestructura básica —e incluso intervenciones recientes como baños públicos—, siguen careciendo de programa, activación y una gestión clara.
Sin esa mirada de conjunto, cada intervención queda desconectada y expuesta al deterioro. Recuperar el borde costero de Valparaíso implica asumirlo como una infraestructura urbana estratégica: un espacio para ser habitado, cuidado y sostenido en el tiempo, más allá de proyectos puntuales o soluciones parciales.