Boris Kuleba

Valparaíso: El único camino posible es hacia arriba

Por: Boris Kuleba

Hay dos patrones que se han repetido en todos los alcaldes de Valparaíso desde el regreso a la democracia. El primero es que quienes han tenido una mala administración siempre salen reelectos, pero en compensación nunca han logrado llegar al Parlamento, y viceversa. Y el segundo es que todos esos alcaldes han sido hombres.

El triunfo de Camila Nieto (Frente Amplio) en las últimas elecciones municipales rompió el segundo de esos patrones y es de esperar que, sea cual sea el resultado de sus cuatro años de gestión, por el bien de la comuna, también rompa con el segundo.

Al menos hasta el momento, hay una sensación de que su administración lo está haciendo bien, marcando una diferencia con hechos y obras concretas respecto a la charlatanería que administró Valparaíso antes de ella (aunque, para ser justos, incluso un caballo con una corona habría hecho una mejor gestión que su antecesor, Jorge Sharp).

Su período comenzó con varios tropiezos. En sus primeros días como alcaldesa, los prejuicios sobre el sectarismo característico del Frente Amplio se vieron corroborados cuando, lejos de confiar en la experiencia local azotada por el desempleo, los principales cargos municipales fueron asumidos por militantes de su mismo partido, importados a la región bajo el rótulo de “expertos”, pero que, aparte de su militancia, tenían en común el hecho de haber quedado cesantes en los municipios que el FA perdió en sus comunas de origen.

Y luego, en su afán de distanciarse del catastrófico legado de Jorge Sharp tomó una serie de medidas atarantadasque se volvieron en su contra: los tribunales la obligaron a reincorporar a todos los operadores que el alcalde dejó apernados, porque cometió errores en su despido; su mediática denuncia ante la Fiscalía, por una supuesta irregularidad en la polémica licitación de las luminarias de su antecesor, fue desmentida por el propio Sharp, quien además le enrostró su evidente falta de prolijidad cuando, siendo concejala y presidenta de la Comisión de Finanzas en ese momento, debió haberla fiscalizado; y finalmente, la auditoría forense que prometió en campaña para transparentar el capcioso “superávit municipal”, con el que el exalcalde mantuvo engañados a sus fanáticos, no solo tuvo una licitación tardía, sino que fracasó y se declaró desierta.

Cualquiera pensaría que con tan accidentado debut, su naciente gestión quedaría estigmatizada, pero eso significaría desconocer el ánimo y las resilientes ganas de creer de los porteños; además de no entender que, precisamente, por haber sido concejala durante el peor período de Valparaíso, llegó con un baño de realidad y con un voto de confianza en su motivación que la exime automáticamente de sus errores iniciales. Obviamente, tampoco hay que subestimar el derretimientode la opinión pública ante su carisma.

Una de sus principales diferencias con la gestión anterior es que la alcaldesa Nieto cuenta con un concejo municipal compuesto en gran medida por personas racionales, que no se confunden en sus funciones ni en sus atribuciones. Y esta percepción de que el municipio está “en buenas manos” es gran parte de esta nueva reputación municipal.

El primer acierto, que marcó su primer año y que probablemente influirá en el promedio de su evaluación final, fue el ordenamiento del sector del mercado El Cardonal que logró recuperar la calle y, a ratos, las veredas del comercio informal. Con eso se suprimió un martirio congénito para el tránsito peatonal y vehicular que, acompañado de una estratégica sincronización comunicacional con la aprobación de la llamada nueva “ordenanza de comercio ambulante”, elevó positivamente las expectativas con la gestión de Nieto.

Pero no solo eso. Honrando su eslogan de campaña, “Por un Valparaíso que funcione”, fue sumando varias acciones: algunas concretas, como su propia versión del “Proyecto Arcoíris”, que evolucionó de un grotesco grafiteo de cortinas comerciales durante los años previos, a una recuperación integral de fachadas entre calles Prat y Esmeralda; y otras más bien simbólicas como las campañas de limpieza ciudadana, la actualización de los instrumentos de planificación o las constantes visitas “en terreno” sin shows ni guitarra. Un ambiente propicio para que la inversión privada regrese a Valparaíso, o para que, al menos, suspenda su éxodo.

La de Nieto no ha sido ni ha pretendido ser, hasta ahora, una administración revolucionaria. Incluso, no sucumbió a la tentación populista de las nuevas camadas de alcaldes ex, proto y frenteamplistas de bautizar con marcas publicitarias a sus gestiones (“alcaldía ciudadana”, “municipio de cuidados”, “municipio transformador”), y se ha limitado a hacer lo que se espera que haga una autoridad comunal, partiendo por ejecutar los proyectos pendientes que antaño eran reemplazados por fiestas y espectáculos, lo que se puede verificar, por ejemplo, en los cierres perimetrales de las principales plazas del plan de la ciudad, en donde se está ejecutando un programa de recuperación de espacios por $1.400.000.

¿Y en la interna? Se asume un ambiente optimista y una autoestima más saludable entre los trabajadores municipales (al menos, en la web del Poder Judicial ya no se ven casos de maltrato laboral), muchos de ellos ahora convertidos en funcionarios de planta gracias al concurso público dilatado durante dos períodos que llenó las necesarias vacantes, lo que promete más eficiencia. Las finanzas municipales parecen estar más transparentes y la inconmensurable deuda de la Corporación Municipal se redujo, en un año, a menos de la mitad.

En abril, con la primera cuenta pública de Camila Nieto, podremos conocer cifras oficiales. Siempre está la amenaza de pequeños grupos intentando revivir la época de oro de las causas ciudadanas que ya han empezado a oponerse a los grandes y pequeños proyectos en la comuna, y también la tentación de quedar bien con todos, lo que puede estancar lo avanzado. Además, el próximo gobierno de turno va en una línea opuesta a la alcaldía, lo que puede afectar el destino de los recursos para la ciudad.

Hasta ahora ha habido un buen comienzo. Y siendo positivos, Valparaíso ya había tocado fondo y el único camino posible es hacia arriba.


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